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Procesos automatizados y conexiones más reales con el Talento.

Mirar atrás y recorrer mis más de 25 años en Gestión Humana es ser testigo de una transformación inevitable en todos los procesos. Viví la época de los archivos físicos, las entrevistas basadas puramente en la intuición y las evaluaciones de desempeño que se sentían como un proceso administrativo tedioso más que como una herramienta de crecimiento. Hasta allí, procesos valiosos que han permitido recorrer un camino que ha permitido forjarme como profesional en este campo tan fascinante cono es el del Talento humano.

Hoy, nos encontramos en un punto de inflexión. La Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa de ciencia ficción para convertirse en el aliado más potente que hemos tenido. Aquí quiero ser clara, no es un reemplazo, es la transformación definitiva hacia un proceso mejor llevado, más justo y, sobre todo, más humano. ¡Sí! más humano, aunque suene paradójico.

A lo largo de estas dos décadas, uno de mis mayores enfoques ha sido el progreso en la medición y evaluación, buscar el desarrollo del talento identificando sus habilidades e intereses. En el pasado, evaluar el talento solía estar permeado por la subjetividad, hoy gracias al análisis de datos, a las evaluaciones predictivas que permiten establecer programas de desarrollo hechos a la medida, feedback continuo y mediciones de clima organizacional continuo podemos realmente realizar un proceso justo, democrático y sobre todo empático y de impacto en el Talento.

En mis inicios, el reto era encontrar candidatos; hoy, el reto es filtrar el talento correcto en un mar de información. Las nuevas tendencias en selección apuntan a la experiencia del candidato y al match cultural. La IA revoluciona esto al procesar miles de perfiles en segundos, permitiéndonos a los líderes de Talento Humano enfocarnos en lo que realmente importa: la entrevista profunda, la lectura de la inteligencia emocional y la conexión de propósito entre la persona y la organización.

A quienes sienten temor frente a esta revolución, les hablo desde mi experiencia: la IA no va a reemplazar los roles humanos. Lo que sí va a reemplazar es la carga operativa que nos robaba el tiempo.

Al automatizar reportes, filtros iniciales, la IA nos está devolviendo el regalo más preciado: tiempo para las personas.  Tiempo para escuchar al colaborador que tiene un problema personal y que espera esa conexión genuina entre personas. Tiempo para pensar en estrategias de bienestar que realmente impacten. Tiempo para ser mentores y no solo administradores.

Finalmente puedo decirles que, durante mis años de carrera, he aprendido que el liderazgo no es estático. Adoptar la IA ha sido parte de mi propio desarrollo personal. Me ha permitido mantenerme vigente, ser más analítica y liderar con un poco mas de precisión.  Es una herramienta que nos empodera a todos, desde el analista hasta la dirección general.

La IA es el motor, pero nosotros somos los pilotos. Tras un cuarto de siglo o un poco más, en esta profesión, estoy convencida de que nunca hemos tenido una oportunidad tan grande de dignificar el trabajo y potenciar el talento como la que tenemos hoy.

Elizabeth RosasPsicóloga organizacional, apasionada por el desarrollo de las personas.

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